¿Cómo se regula la presión arterial (PA)?

La presión arterial no se mantiene constante a lo largo de todo el día: varía en función de las necesidades del organismo de una hora a otra, de un minuto a otro e incluso de un latido respecto de otro.

Esto implica necesariamente la existencia de una serie de mecanismos muy finos que permitan ajustar en cada momento la PA. Y conviene recordar de qué factores depende la presión según la siguiente fórmula : Presión arterial = GC / RP En ella, GC es el gasto cardiaco (la cantidad de sangre que se expulsa hacia las arterias) y RP son las resistencias periféricas (el grado de dilatación de las arterias).

Si el gasto cardiaco aumenta, manteniéndose constantes las resistencias periféricas, aumenta la cantidad de sangre en un mismo «volumen de recipiente (arterias)» y la presión aumenta. Si, en cambio, las resistencias aumentan -debido a vasoconstricción- el diámetro de las arterias disminuye y por tanto se reduce «el volumen del recipiente», con lo que si se mantiene el mismo volumen de sangre el resultado final es una elevación de la PA (figura 1.4).

En los casos contrarios, se producirá obviamente un descenso de la presión arterial.

Es muy importante recordar la fórmula anterior: es muy sencilla y explica intuitivamente la regulación de la presión. Sin embargo, como ya hemos comentado previamente, esta fórmula se puede complicar: tanto el gasto cardiaco como las resistencias periféricas se regulan por diferentes factores que revisaremos a continuación.

El gasto cardiaco depende del volumen sistólico, la frecuencia cardiaca y la contractilidad. Podemos considerar que estos factores estan controlados por el sistema nervioso autónomo (una parte del sistema nervioso sobre el que no tenemos un control consciente). Así, cuando estamos ante una situación de estrés, se activa el sistema nervioso autónomo que libera adrenalina, la cual estimula la contractilidad del corazón, eleva la frecuencia y aumenta el volumen sistólico. Es la situación típica en la que estamos nerviosos, notamos el corazón (palpitaciones) y el pulso se dispara. Como resultado final se eleva la PA. Sin embargo, cuando estamos relajados se activa el componente parasimpático del sistema nervioso autónomo, que produce los efectos inversos: estamos tranquilos, el corazón late más lento y la PA baja.

 

 


 

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